Propone crear un programa frente al socialismo, que consiste en desarrollar un gobierno eficiente, con menos gasto público y derogar leyes que causan pobreza en el país.
Para el presidente de Rumbo Propio, Néstor Suárez una de las banderas de la oposición del país debe ser la de oponerse al socialismo y proponer en una agenda legislativa, la eliminación de todas las leyes que han centralizado y despojado de los recursos a las regiones al poder central.
Sostiene que para eso, se debe construir a través de la desestatización un proceso de transición a un gobierno limitado. En otras palabras, desestatizar y nacionalizar todo lo que “el Gobierno nacional le robó a los ciudadanos”; siendo esto justamente el debate que debe generarse en el país, para establecerse una verdadera unidad.
Asimismo dijo que es muy importante los candidatos que se llevarán a las próximas elecciones parlamentarias, porque a su juicio, no se puede llevar a cualquiera porque lo que viene es duro y solamente lo pueden enfrentar, hombres preparados, consistente ideológicamente y que puedan debatir, y demostrarle al Presidente que está equivocado.
Sin miedo al socialismo
El representante del referido movimiento ideológico afirmó que no hay que tenerle miedo al socialismo, ni estatismo y tampoco al centralismo, porque existe un antídoto superior a ello, que no es más que la desestatización.
En consecuencia expresó que hay que articular un programa con coherencia intelectual frente al socialismo, que se basa en lo opuesto al estatismo y que se manifiesta en la desestatización, cuya filosofía inspiradora se puede resumir en tres refranes conocidos: Quien mucho abarca, poco aprieta. Zapatero a tu zapato. Quien mucho ayuda, no estorba.
Explicó que en el primero el gobierno debe concentrarse en poco, evitando la dispersión, para que sea eficiente. En el segundo, dedicarse a lo que pueda ser mejor y con menos gasto dispendioso, porque a lo que incrementa el gasto público excesivamente destruye también la fortaleza de la economía; y el último se refiere a que lo mejor que puede a hacer el Estado es quitarse del medio y derogar todas las leyes malas que causan pobreza.
No hablar de descentralización.
Indicó que la estatización evita que se incurra en un error en la estrategia para poder cambiar el sistema, por ejemplo, destacó que no se puede seguir hablando de la descentralización, e incluso instó a los gobernadores y alcaldes de la oposición a no seguir cometiendo esa equivocación, pues considera que están confundidos.
“Ya no se puede descentralizar nada, porque todo está centralizado, controlado y regulado por el Gobierno central. Al contrario, señaló que hay que desestatizar la sociedad para luego ir a descentralizar las funciones, atribuciones y competencias, pues precisó que la descentralización se ha concebido, como el reemplazo del gran estatismo centralizado en la capital, por un conjunto de estatismos regionales paralelos, cada cual con asiento en su localidad.
Agenda liberal.
El presidente de Rumbo Propio, además mencionó que la agenda liberal para Venezuela es: Reforma del Estado, privatización y recuperación de la soberanía, recorte de impuestos y cese al endeudamiento público, rebaja sustancial en los precios, más empleo productivo y reforma judicial; entre otros.
Suárez: “Oposición debe rechazar leyes centralizadoras”
La Salida es Liberal

Alberto Mansueti
LA SALIDA ES LIBERAL
Y PASA POR LA CONFRONTACIÓN IDEOLÓGICA CON EL SOCIALISMO
“Unidad y no confrontación” dice la oposición socialista en Venezuela. Y sus dirigentes viven confrontados entre sí, aunque su confrontación no es ideológica. Es puramente personal. Así es siempre entre políticos sin principios. En el fondo todos están unidos en lo ideológico, porque adhieren al estatismo imperante en Venezuela desde siempre, y comparten sus principios, pero de manera implícita y vaga, no expresa y clara.
Y cuando los principios ideológicos no son claramente definidos, la unidad no es posible porque reinan las ambiciones puramente personales. No hay conciliación ni “acuerdo” ni “consenso”, porque es Fulano o es Mengano. Por eso las pugnas internas de la oposición venezolana son muy duras e interminables, aunque se enmarcan en el contexto común del estatismo: en algunos un poco más mercantilista, en otros un poco (o mucho) más socialista. Pero todos piensan igual; y todos quieren lo mismo: su “cuota”.
La salida pasa por desafiar al socialismo en lo ideológico. Es vital. Por eso se requiere confrontación ideológica. Pero no la quieren los socialistas de Gobierno ni de oposición:
-- Los oficiales no quieren confrontación ideológica porque el chavismo es un “socialismo real”, y todo socialismo real huye de la confrontación porque sale muy mal parado: no hay comida, no hay agua, no hay luz.
-- Los opositores tampoco, porque quieren reconstruir el acuerdo socialdemocracia-socialcristianismo de 1958-98. Por eso se empeñan con garras y colmillos en que “lo de Chávez no es socialismo”: porque para ellos es muy importante salvar el honor del socialismo.
Con esa política la oposición lleva soga para su propio cuello desde hace diez años. Porque a Chávez no le sostiene “la “chequera” ni el fraude.
-- “La chequera” del petróleo no le llega al pueblo --ni de Venezuela ni del exterior-- salvo unas pocas migajas para mostrar y hacer propaganda; el dinero se queda en las cuentas bancarias de los intermediarios rojos: mansiones, viajes, fiestas ostentosas y carros lujosos.
-- El fraude no sirve para sostener a ningún régimen si hay una oposición con un programa atractivo, decidida y bien articulada en partidos sólidos, y con apoyo masivo, capaz de defender con fuerza y eficacia el triunfo de una mayoría aplastante en las urnas. Esto no ocurre en Venezuela, pues los partidos socialistas opositores se encuentran muy desacreditados, aunque no por ser socialistas, sino por ser partidos.
A Chávez le sostiene la legitimidad del socialismo. Es la actitud de benevolencia de la gente hacia el socialismo, basada en la generalizada "mentalidad anticapitalista" (Mises, 1922): la creencia de que el capitalismo es intrínsecamente malo, perverso e incorregible, mientras que su contrario antagonista el socialismo, puede ser malo, regular o bueno, según "quién lo aplique y cómo".
Por eso al socialismo siempre se le concede el beneficio de la duda, y en todos los países se le dan una y otra oportunidades de ensayar... una vez y otra vez y otra vez más, y así los fracasos se reiteran indefinidamente. No hay oportunidades para el capitalismo liberal ni para sus defensores. No las hay para acceder al poder, ni para acceder a los medios a fin de presentar una defensa, una reivindicación, una propuesta capaz de entusiasmar y movilizar.
Otro factor que sostiene a Chávez es la increíble pereza intelectual de la vieja clase media venezolana, que se resiste a pensar, y su partidofobia histérica. Salvo honrosas pero pocas excepciones, no quiere investigar ni documentarse o informarse sobre el socialismo, ni sobre la vía de salida. No quiere aprender. Se la pasa entre chiste y chisme, en lo puramente anecdótico y personalista del cuadro político, y en su rabia. Sigue con toda su máxima atención el último rumor, y el que le sigue y viene; así se mantiene “actualizada”. Porque asume que Chávez va a caer solito, por arte de magia. Si alguien les habla de construir un partido liberal, le dicen: “No…. liberal no. Ya Chávez nos tiene ideologizados.” Y lo segundo que le dicen es: “¿Partido? ¿Otro más? No…. partido no. Ya hay demasiados.”
La vieja clase media está matando su propio futuro. No tiene razones valederas para rehusarse a pensar en el tema ideológico y en la única salida racional y efectiva, al contrario. Pero sigue en ese punto ciegamente a una dirigencia oposicionista que no quiere que piense, y que sí tiene motivo para rehuir la investigación, el debate y la confrontación ideológica entre ideas opuestas.
¿Por qué rehusan los dirigentes opositores tratar el tema ideológico? Porque sueñan con una reedición completa y entera del puntofijismo: un acuerdo de todo el arco político de socialistas de todas las tendencias y siglas, excluido solamente el socialismo radical, que en 1958 era el PCV y ahora es el PSUV.
Pero a este paso se ve que no van a lograr cumplir ese sueño. Porque así nunca saldremos de Chávez. ¿A quién le interesa un regreso al pasado? Es más, ¿a quién le interesa una confrontación de socialismo versus socialismo? Eso es aburridísimo y por eso tanta opinión permanece apática.
-- Para los liberales es muy importante insistir en que el chavismo sí es socialismo, a fin de producir confrontación ideológica. La caída de los regímenes comunistas en 1989 nos enseña que la salida es recogiendo el desafío ideológico del socialismo, erosionando de este modo su legitimidad en el imaginario popular (y de las elites). Y la única vía de hacerlo es revindicando el capitalismo, y contrastando al sistema con una oferta de salida liberal para un futuro inmediato.
Así de ese modo hay contrastación, cuestionamiento y confrontación, y se posibilita la salida del régimen en tanto se erosiona la legitimidad del socialismo, que es la gran plataforma que sostiene a Chávez, y no el billete ni el fraude electoral, como la oposición socialista cree, o pretende que creamos que cree...
-- Otro punto clave es mostrar que "liberalismo" no es la fracasada experiencia de los '90, como lo aclaro en mis dos libros más recientes, disponibles on line...
http://lasleyesmalas.blogspot.com/
-- Y por fin, para Venezuela es de vital importancia que los liberales logremos una referencia política con la que podamos identificarnos todos los abstencionistas sistemáticos: más de la mitad de los venezolanos, que no votamos ni nos inscribimos en el REP porque no nos reconocemos como representados por el partido único oficialista, ni tampoco por los múltiples partidos, grupos y voceros de la actual oposición, que en el fondo piensan todos igual, y quieren todos lo mismo.
Pero sin confrontación ideológica no hay salida.
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Queremos ser República

Ante la triste y crítica situación política por la que atravesamos, todos los venezolanos deberíamos en este año que esta por terminar, hacernos algunas reflexiones y decidirnos a ser actores activos para ayudar a resolverla. Debemos comenzar preguntándonos; qué tipo y clase de país queremos, y en qué hemos contribuido cada uno de nosotros para hacer realidad ese anhelo y deseo de nación que hemos querido tener. Creo que todos coincidimos en que queremos tener Patria y deseamos ser República.
Algunas preguntas que son esenciales y obligatorias, nos ayudarán en estas reflexiones. ¿Somos República, a pesar de que todos los poderes del Estado se encuentran secuestrados y férreamente controlados?, ¿somos República a pesar de que no existe un Estado de Derecho?, ¿somos viable como país, cuando los gobernante de turno llegan para robarse el erario público, en vez de utilizarlo en el desarrollo social y económico del país?
¿Qué clase de sociedad estamos desarrollando y heredando a las generaciones futuras, cuando se privilegia el vicio sobre la virtud, el robo sobre la honradez, la mentira y el engaño sobre la verdad, la traición y la deslealtad sobre la palabra dada y comprometida?
Todos somos responsables de la desastrosa situación política que vivimos, unos por acción y otros por omisión. Muchos han dejado que otros hagan, lo que ellos desde una posición muy cómoda y nada comprometida no han querido hacer.
Existe una línea bien marcada y divisoria, entre los que buscamos persistentemente una alternativa de un cambio serio, honesto y sincero, y los que no quieren que las cosas cambien. Los que queremos un país sano y los que quieren que el país continúe enfermo, para seguirse aprovechando, porque únicamente les interesa satisfacer su hambre insaciable de poder, por el poder.
Los venezolanos tenemos que aceptar el reto, el desafío y el compromiso de poder producir una alternativa política aceptable y compatible con los principios y valores éticos, morales y cristianos del necesario cambio que la gente reclama y el país necesita.
Debemos necesariamente poder estructurar y desarrollar una alternativa distinta al socialismo. Esta alternativa de cambio debe representar una diferencia entre lo cualitativo frente a lo cuantitativo, porque deberá estar sustentada en la fuerza de ideas, principios y valores, frente a los antivalores, y a la fuerza de recursos y maquinarias electorales de los socialistas. Abrazar el cambio significa escoger conscientemente el futuro.
Ha llegado la hora de que todos nos veamos frente al espejo de nuestras vidas, y viéndonos directamente a los ojos nos preguntemos, si nos conformamos con el país y la vida que tenemos, el que nos dan y nos permiten los socialistas y la clase política tradicional, cual migajas y limosnas, o si por el contrario decimos ¡Basta Ya!, no más mentiras, no más engaños, no más robos descarados, no más corrupción. No más compra de lealtades, de conciencias y de voluntades.
Rompamos el laberinto en que nos tienen atrapados, y conectémonos con la visión de futuro y alternativa de cambio que queremos para Venezuela. Todo lo demás son pasos y etapas en la trayectoria para alcanzarlo. Convirtámonos todos en factores de cambio para refundar la República, recordando lo que sabiamente afirmaba Gandhi, “la fuerza no proviene de la capacidad física, proviene de una voluntad indomable”.
Estamos a la víspera de fundar el FRENTE LIBERAL DE VENEZUELA. Y desde esa plataforma emprenderemos la tarea de dar a conocer nuestro ideario libertario.
Desde ya le presentamos al país las cinco reformas necesarias para revertir un siglo de estatismo malversador y secuestrador del estado.
1.- Reforma del Estado y del Gobierno: "Más individuo menos Estado" Para limitar la acción del estado en contra de las libertades individuales y devolverlo a sus funciones propias.
2.- Reforma de la Economía: Pasar de una economía rentista en manos del estado a una economía productiva en manos de los ciudadanos.
3.- Reforma de los sistemas de Educación, Salud y Pensiones. Para la dignificación del ciudadano como beneficiarios de las políticas públicas.
4.- Reforma Judicial: El establecimiento de un Estado de Derecho que garantice una verdadera igualdad ante la ley sin privilegios para nadie.
5.- Reforma de los Órganos de Seguridad y Defensa: Para el establecimiento de una cultura de respeto, paz y seguridad ciudadana.
Estas son las respuestas Liberales a los retos y oportunidades que surgen en el umbral de un nuevo desafío para la conquista de una Republica con libertad, responsabilidad, compromiso, tolerancia, respeto, justicia social, bienestar, progreso, prosperidad, felicidad, vocación de servicio e igualdad de oportunidades.
Queremos ser pioneros de una nueva concepción basada en el liderazgo, conocimiento, capacidad gerencial y creatividad para la verdadera transformación de nuestra sociedad.
La plataforma del Frente Liberal de Venezuela no se agota en la reunión de unos cuántos, es un instrumento al servicio de todos. No es un punto de llegada, sino un punto de partida. No es un fin, sino un comienzo. Es un compromiso y una invitación abierta a participar.
¡Un paso al frente!...Otra Venezuela es posible.
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La actitud mental es lo único en tu vida sobre lo cual puedes mantener control absoluto. Si tienes una actitud positiva hallarás la verdadera riqueza de la vida.
Rayados

Hugo J. Faría
Aunque el concepto de libertad es uno se suelen distinguir tres dimensiones de la libertad; la económica, política y civil. La económica es protección a la propiedad privada bien adquirida, es decir, sin uso de coerción, fraude o robo. La política viene dada por la capacidad de elección de los gobernantes en forma transparente y la civil por la libertad de expresión y de culto religioso. La persona convencida de las bondades de vivir en un mundo libre las quiere todas. Es como el padre que tiene tres hijas, las quiere y defiende a todas por igual.
A pesar de esta realidad los líderes de la oposición, de toldas políticas, medios de comunicación, sociedades civiles e intelectuales defienden las libertades políticas y civiles pero no las económicas. Por ejemplo la inflación y devaluación, las cuales confiscan riqueza de los pobres que es transferida hacia los ricos. ¿Acaso los medios de comunicación, los políticos, representantes de asociaciones civiles e intelectuales enfatizan la necesidad de eliminarla? Todas estas personas han visitado Panamá, ¿por qué no luchan por la implantación en Venezuela de su sistema de libertad monetaria el cual protege el fruto del esfuerzo ciudadano mejor que cualquier otro sistema?
Diría que en buena parte porque no son genuinos defensores de la libertad, defienden la propiedad privada de los dueños de algunas empresas o los intereses de un gobierno perverso, los cuales son beneficiarios de la inflación y devaluación, pero no la propiedad privada del ciudadano común.
Los electores los perciben como no creíbles porque su agenda no contiene planteamientos que convenzan al ciudadano de a pié que con la salida del presidente Chávez su condición material va a mejorar y ante esta incapacidad sólo les queda criticar al Presidente, desear su fracaso y defender las libertades políticas y civiles. En consecuencia están rayados.
En forma abrumadora la principal estrategia de la oposición es la de formular críticas negativas al gobierno. Incluso plumas liberales como Mary O´ Grady o Álvaro Vargas Llosa al juzgar por lo que escriben, el que no vive en Venezuela creería que la oposición es perfecta porque nunca es criticada constructivamente, mientras el gobierno es el único malo de la partida. Este sesgo no ayuda a ganar la buena voluntad de los electores. Se trata de una estrategia equivocada. Tanto Mary como Álvaro deberían contribuir a convencer a la oposición de un cambio de estrategia que esté más centrada en el bienestar del ciudadano y menos en el Presidente, quien además es popular.
Se habla de un posible estallido social. No lo veo muy probable porque, ¿acaso el ciudadano va a arriesgar su vida por unas propuestas que no contienen el fermento necesario para mejorar su condición material? ¿La causa por la que se lucha es suficientemente noble para perder la vida? Resulta que estos ciudadanos con libertades políticas y civiles no salieron de la pobreza.
Se habla de la necesidad de ir a un consenso, un pacto social. Para ello es necesario ponernos de acuerdo sobre el modelo económico que sea capaz de mejorar el nivel de vida de los venezolanos. El problema está en que tanto gobierno como oposición lo que profesan es socialismo, apoyados por un empresariado mercantilista. En consecuencia, ¿qué alternativa válida le pueden ofrecer a los electores que mejore su condición material?
Para llegar a un consenso necesitamos empresarios que apoyen una campaña mediática donde se venda la idea de libertad monetaria, cero aranceles, renta petrolera para los ciudadanos (mejor que misiones), acciones de Pdvsa en manos ciudadanas (no y que ahora el petróleo es de todos), donde se muestre cómo la pobreza se ha reducido en el mundo gracias a la implantación progresiva de prácticas capitalistas. ¿Dónde están esos empresarios?
Noto que muchos se están yendo a otros países como Colombia, Panamá y Estados Unidos y aunque dadas las circunstancias la huída es natural, también dicha huída es el testimonio de una batalla que no fuimos capaces de dar, de una ausencia de liderazgo, porque estamos acostumbrados a obtener beneficios en forma perversa, destruyendo competencia y no generando bienestar.
Como no hemos dado la batalla por la defensa de las libertades económicas nos hemos dado un país donde las libertades civiles y políticas son precarias. Donde la vida no es respetada, donde amigos como Germán García están desaparecidos, en fin un país donde no hay mucho futuro y la oposición sigue insistiendo obstinadamente en una estrategia fracasada que en el fondo preserva los privilegios adquiridos legalmente de políticos y empresarios, pero los ciudadanos le ven las costuras.
Los gesta que realizaron nuestros próceres puede calificarse como propiciadora de la independencia de España pero no de la libertad ciudadana. La historia se repite porque los líderes de la oposición buscan la independencia del presidente Chávez pero no la libertad, particularmente la económica, de los venezolanos.
hjf1750@gmail.com
Adoctrinados

Instituto Libertad y Prosperidad
Hugo J. Faría
En el pasado sembramos socialismo y obviamente ahora recogemos más
Los voceros de la educación privada, prefiero no mencionarlos porque algunos dicen que tengo algo personal en su contra, se quejan de la Ley de Educación aprobada por la Asamblea Nacional por restringir las libertades educativas en materia religiosa y financiera entre otras. Las preguntas que formulo son, ¿cuál es la contraoferta de estos voceros? Comprendo la limitación de las libertades, pero ¿acaso el sistema educativo que teníamos era justo, eficiente y protector de las libertades educativas de los padres? ¿Cumplía el Estado con la función de subsidiariedad de la familia, en materia educativa?
Escuelas Creo que la respuesta a las preguntas anteriores es NO. En primer lugar, en Venezuela no hemos tenido igualdad de oportunidades en materia educativa, algo tan fundamental en una sociedad que emana de la conciencia social. Si soy un padre con bajos ingresos me veo seriamente limitado para inscribir a mi hijo en un colegio privado. A lo mejor vivo en un barrio donde hay un colegio de Fe y Alegría, los cuales son administrados eficientemente e imparten instrucción de calidad. Sin embargo, si no deseo que a mi hijo lo obliguen a leer literatura procedente del Centro Gumilla, con ribetes de teología de la liberación, mi única opción es ponerlos en un colegio público con una calidad de instrucción inferior.
Los programas por los que se instruyen nuestros hijos son redactados por el Ministerio de Educación. Los libros por los que estudian nuestros hijos son aprobados por el Ministerio de Educación. La vestimenta que llevan nuestros hijos es impuesta por el Ministerio de Educación. Los maestros que instruyen a nuestros hijos deben egresar de escuelas de educación o del pedagógico y dichos maestros se gradúan con una fuerte visión de burócratas. Los colegios privados que no cumplen con este requisito son objeto de continuas presiones por parte del Ministerio de Educación, como si solo los egresados del pedagógico supieran enseñar. Desde hace tiempo, mucho antes de 1998, la educación en Venezuela es fuertemente socialista.
En mi opinión, la educación es un problema fundamentalmente de la familia y la labor de un Estado propiciador del bienestar ciudadano, es la de favorecer a la familia ampliándole sus opciones. En esta óptica el Estado financia a la demanda entregando cestatickets educativos, vouchers, a los padres de bajos ingresos para que el tema ingreso no sea un obstáculo para enviar al hijo a un colegio privado, propiciando igualdad de oportunidades en materia educativa. Se le da a los maestros en propiedad los colegios públicos, esta idea se la escuché por primera vez a Alejandro Sucre, de modo que el proveedor del servicio sea privado y deba competir en programas y calidad de la enseñanza para atraer alumnos.
Universidades La educación superior es igualmente injusta y sesgada. Las universidades del Estado son gratuitas pero por lo general el que entra a la universidad tiene capacidad de hacer algún tipo de pago. Esta condición la conocemos como Robin Hood al revés, les quitamos a los pobres para darles a los más pudientes.
No menciono mi alma mater porque hay quienes opinan que tengo algo personal contra ella. Con todo respeto, como siempre, menciono a la Escuela de Economía de la Universidad Metropolitana. He tenido la oportunidad de analizar los programas de economía y observo que tienen dos macroeconomías de tendencias keynesianas, no hay ningún curso de economía austriaca, ni tampoco una macro basada en la visión de la escuela de economía de Chicago. Los estudiantes no son formados en un contexto ecléctico que les permita escoger. La visión keynesiana enseñada es de planificación central la cual viabiliza prácticas mercantilistas.
Medios En general los medios de comunicación también suelen adoctrinar. Por ejemplo, en una entrevista hace algún tiempo Leopoldo Castillo me preguntó ¿cuándo el gobierno va a devaluar? Es decir me pregunta, ¿cuándo el gobierno le va a confiscar a los venezolanos el fruto de su trabajo? En el programa radial de Pedro Penzini, muchos reportes de Víctor Salmerón, inter alia, tienen igualmente un sesgo promotor de la devaluación.
El problema no es el tipo de cambio fijo. Si ese fuera el problema entonces cómo sobrevive en la Unión Monetaria Europea, en Panamá, Hong Kong, Ecuador y prácticamente en China. El problema está en la alta inflación que hace inviable el tipo de cambio fijo.
Cuando en la prensa escrita se analiza el problema de la integración comercial noto que el análisis se formula desde el punto de vista de los intereses de la empresa y se trata de subsanar la falla identificando al país con la empresa. Tremendo sesgo. El principal beneficiario de la integración comercial es el ciudadano, porque se le abarata la vida. Si hubiese buena intención, implementaríamos una reducción gradual y unilateral de aranceles y licencias de importación para precisamente abaratarle la vida a nuestros ciudadanos, acompañada de una reducción del costo de hacer negocios.
Óptica ciudadana Sugiero que en lugar de insistir en la devaluación, la cual beneficia a empresas del sector industrial, deberían enfatizar la necesidad de acabar con la inflación, la cual obviamente tampoco beneficia al ciudadano de a pie. Similarmente, al analizar los problemas relativos a la integración debemos traer a colación el bienestar del venezolano común. Es decir, el enfoque en los medios debería hacerse más desde la óptica de los intereses de los ciudadanos y menos desde la óptica empresarial, aunque comprendo que es cuesta arriba porque los anunciantes son las empresas y no el ciudadano común, lo que explicaría el sesgo empresarial.
No obstante, si los medios fuesen mejores defensores de los intereses económicos de los ciudadanos, y menos de los empresariales no alineados con el bien común, habría menos indiferencia por parte de la población cuando son cerrados. Hace falta un periodismo valiente de denuncia de prácticas económicas perversas encarecedoras de la vida. Comprendo que esto no ocurre con más frecuencia porque las elites empresariales venezolanas acumulan riqueza no fundamentados en la competencia sino en su destrucción. Es decir, no con base en capitalismo sino acudiendo al mercantilismo.
En síntesis, nos adoctrinan en la escuela, en la universidad y a través de los medios. El problema de la educación que estamos viviendo es emblemático de los males que aquejan al país. No hay contenido, no hay contraoferta, la cual pareciera que en todo caso es el estatus.
En el pasado sembramos socialismo y obviamente ahora recogemos más. El camino de la rectificación comienza por reconocer nuestros errores. Corremos el inminente peligro de perder aun más nuestras libertades por la carencia de liderazgo, por la ausencia de visión capaz de enamorar a los venezolanos del capitalismo democrático fundamentado en el Estado de Derecho. Un consejo: concentren sus energías más en el bienestar ciudadano y menos en el Presidente, para adquirir credibilidad y legitimidad ante los venezolanos.
hjf1750@gmail.com
La Venezuela del Gobierno Liberal

Oliver Laufer
Imagine que en unas décadas Venezuela tuviera un Gobierno liberal, y una mayoría liberal en el Congreso. El proceso habría sido contundente y categórico al principio, pero los niveles de ajuste social habrían sido rápidos.
En primer lugar, debido a la limitación del gobierno a cumplir sus funciones básicas y a la eliminación de aranceles al comercio dentro de nuestro país y con las demás naciones, empezarían a surgir nuevas empresas y nuevos negocios. Desde el que tiene poco capital hasta el gran inversor tendrían un sinfín de actividades económicas en las que participar.
No sólo crearíamos nuevas empresas, sino que las grandes corporaciones y multinacionales extranjeras querrían invertir y producir en nuestro país. Por consiguiente mejoraría la infraestructura aduanera, la producción e importación de materias primas y crecería desenfrenadamente la oferta de empleo.
Al haber más trabajo y caer el desempleo, la renta per capita aumentaría y habría más riqueza en nuestras manos. Nuestro nivel de vida aumentaría inmediatamente y la pobreza empezaría a desaparecer.
Venezuela contaría con las mejores infraestructuras del continente. Al destinar el gobierno mucho más dinero a las obras públicas, tendríamos las mejores autopistas, puentes, túneles y carreteras. El problema del tráfico desaparecería.
Caracas optaría por el sistema de autopistas subterráneas, como el de ciudades como Boston, y por la creación de nuevas zonas verdes y peatonales. Nuestra capital sería comparada con Londres y Madrid. El modernísimo centro de Caracas sería sede de importantes empresas y gracias a la Policía, uno de los lugares más seguros de la ciudad.
Las zonas costeras se modernizarían y se enfocarían hacia los capitales inversores y el turismo. El Estado Vargas sería un pequeño Panamá, minado de rascacielos con vistas al mar, y con actividades de ocio y turismo para los visitantes.
Las pequeñas ciudades se modernizarían y surgirían como nuevas opciones para los capitales nacionales y extranjeros. Se descentralizaría el poder predominante de Caracas y Maracaibo hacia los nuevos núcleos urbanos emergentes: San Cristóbal, San Juan de los Morros, Maracay, Mérida, Puerto Cabello.
La inversión en seguridad traería consecuencias. Habría contacto constante y transparencia entre los cuerpos policiales municipales y las Policías Nacionales y Judiciales. Los policías venezolanos tendrían los sueldos más altos del continente y los mejores equipos para realizar su trabajo. La delincuencia descendería, los crimines desaparecerían lentamente y los índices de homicidios bajarían rápidamente.
Mejoraría la justicia pública, y los criminales pagarían sus condenas íntegramente. La justicia sería sinónimo de nitidez pública e imparcialidad.
Contaríamos con un Servicio de Inteligencia de vanguardia. Nuestra inteligencia prestaría servicios en el interior del país y en los intereses de Venezuela en el extranjero. Nuestras Fuerzas Armadas estarían dotadas de los mejores equipos y contarían con el más profesional de los entrenamientos para proteger y defender la soberanía nacional.
Al ser el liberalismo una ideología de paz, fomentaríamos la diplomacia con los demás países del globo y tendríamos buenas relaciones con todos independientemente de su ideología. Seríamos un país ejemplar, y por ello, contaríamos con una mayor participación en los grandes acuerdos internacionales.
Aumentaría la población, pero sabríamos enfrentar los problemas demográficos. No importaría el número de jubilados o el de personas en edad laboral porque habríamos optado por sistemas de Seguridad Social privados, justos y efectivos. Superaríamos a la Seguridad Social de Chile en ingresos personales, y la eliminación del Impuesto sobre la Renta haría que aumentara la riqueza personal. Al no haber transferencia de capitales, nuestro dinero de jubilación ganaría intereses con los años.
El presidente, obviamente, tendría que comparecer ante el Congreso -o Asamblea Nacional- para dar parte a los diputados sobre los asuntos nacionales. En nuestra cámara, los miembros del Partido Liberal estarían sentados en el centro y la derecha, los partidos de izquierda socialdemócrata como UNT, el MAS o AD, llenarían el centro izquierda de la cámara, y los diputados del PSUV se sentarían en la extrema izquierda. Reinaría el respeto y el Estado de Derecho.
El gobierno contaría con los ministerios necesarios para cumplir las funciones básicas: seguridad interior y defensa, orden, diplomacia, infraestructura y obras públicas, economía libre y justicia.
Habría libertad de prensa, opinión, acción y movimiento. Desaparecería la corrupción pública porque sería penada con prisión, y la especialización eliminaría la burocracia.
Aunque todo esto parece una historia de ficción, una quimera, esta hipotética Venezuela está basada en principios que han demostrado su efectividad práctica históricamente. No es una hipótesis, sino la consecuencia directa de la aplicación de los principios liberales en la política nacional.
Es una Venezuela posible.
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Japón, la ruina de un modelo intervencionista

Osmel Brito-Bigott
El keynesianismo, el recurso al endeudamiento del Estado para estimular la demanda interna, sólo lleva a la ruina absoluta: desde 1993 Japón no ha cerrado ni un solo ejercicio con equilibrio presupuestario y ahora lamenta las consecuencias.
Si el PRI, la dictadura perfecta, terminó cayendo en México tras 70 años en el poder, el Partido Liberal Demócrata (PLD) de Japón no podía ser menos. Después de casi 55 años de gobierno ininterrumpido –valiéndose de una red clientelar que se extendía por casi toda la sociedad, desde la agricultura a la construcción, pasando por los bancos– su propia incapacidad para resolver el estancamiento en el que vive la economía nipona desde principios de los 90 y los continuos escándalos de corrupción han terminado por desalojarlo del poder.
El recambio va a ser el Partido Demócratico Japonés (PDJ), una amalgama de grupos opositores fundado en 1998 más como una coalición anti-PLD que como representantes de una corriente ideológica unitaria. Entre sus filas se integran desde la derecha liberal a miembros del antiguo Partido Socialista, pasando como no podía ser de otro modo por los centristas (el Nuevo Partido Sakigake), liderados por el futuro primer ministro Yukio Hatoyama.
Resulta complicado, por consiguiente, prever cuál va a ser la dirección que emprenderá Japón en los próximos años; el PDJ, por ejemplo, se declara equidistante entre el libre mercado y el Estado de bienestar y en 2003 encabezaron las manifestaciones contra la guerra de Irak, prometiendo un distanciamiento de Washington que ahora quieren implementar con matices.
Lo que sí parece que tienen claro es la necesidad de romper el famoso "triángulo de hierro japonés" sobre el que sedimentó el PLD su control de la sociedad. Básicamente, el Gobierno y la burocracia controlaban los bancos y a través de ellos a las grandes empresas y al conjunto de los japoneses: la burocracia asignaba proyectos de obra pública a las corporaciones (fundamentalmente de la construcción) gracias a la financiación que obtenía de los bancos, de modo que la vida de millones de trabajadores, proveedores, ahorradores y políticos locales pasaron a depender del favor de los altos funcionarios del Ministerio de Economía. Si el Gobierno dejaba de meter nuevo dinero en muchas empresas, éstas se veían abocadas a la quiebra, arrastrando al paro a numerosos empleados y a la bancarrota a muchos bancos, depositarios de los ahorros de los japoneses.
Hatoyama ha prometido arrebatar el poder a la burocracia y al ministro de Economía, al hacer transparentes y revisables por el Parlamento las decisiones del Programa de Inversión y Préstamos Públicos (hasta ahora gestionados en exclusiva por el ministro de Finanzas y sus funcionarios). Una misión nada fácil y que ya intentó Junichiro Koizumi, primer ministro del PLD entre 2001 y 2006, al privatizar el servicio postal de correos (propietario de la mayor caja de ahorros del mundo, de donde obtenía financiación el Gobierno para sus programas de obra pública), pero que no pudo completar por la renuencia reformista de sus tres sucesores. Una defensa del statu quo que ha terminado por costarle las elecciones al PLD y por consolidar el estancamiento de la economía.
Al fin y al cabo, el triángulo de hierro colapsó formalmente a principios de los 90 con el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria de Japón, pero el PLD se negó a liquidar las milmillonarias malas inversiones, privatizando los bancos y dejando quebrar a las grandes constructoras. En lugar de favorecer el necesario reajuste de la economía, optaron por tirar de gasto público para mantener artificialmente con vida una estructura productiva decadente y nada emprendedora: los préstamos impagados se sustituían por nuevas inyecciones de capital público por parte del Gobierno para seguir financiando ruinosos proyectos de las grandes constructoras. El Ejecutivo se ha comido literalmente el elevado ahorro de los nipones, contrarios a seguir consumiendo y endeudándose cuando el Estado ya acumula una deuda pública sobre el PIB del 200% (y creciendo, en 2009 se espera que el déficit público cierre en el 10%). No en vano, desde 2001, numerosos analistas, incluyendo a sus ministros de Economía, han venido sostenido que el país está al borde de la quiebra.
El mundo, pero especialmente España, debería aprender algunas lecciones de las dos décadas perdidas de Japón. Primero, salvando las distancias culturales, la estructura caciquil de Japón presenta parecidos preocupantes con la española, donde los políticos controlan las cajas de ahorro y gracias a ellas a numerosas empresas en dificultades. La economía que puede engendrar un sistema semejante sólo puede terminar respondiendo a los intereses de los políticos y nunca al de los consumidores: una especie de socialismo de mercado con el que ya teorizaron los soviéticos.
La segunda es que la estrategia que está siguiendo el Ejecutivo de Zapatero sólo puede abocarnos a la ruina absoluta: los programas de obra pública, como el Plan E, que Japón multiplicó en los últimos 20 años sólo evitan el necesario y sano reajuste de la economía e hipotecan el futuro de sus ciudadanos. Tampoco sirven de nada los recortes fiscales financiados con déficit público, como también han comprobado los japoneses en repetida ocasiones y como comprobamos en España con los famosos 400 euros. El keynesianismo, el recurso al endeudamiento del Estado para estimular la demanda interna, cuando es aplicado de manera consistente sólo lleva a la ruina absoluta: desde 1993 Japón no ha cerrado ni un solo ejercicio con equilibrio presupuestario y ahora lamenta las consecuencias.
Tercero, evitar a toda costa y por cualquier medio que las empresas, incluyendo a los bancos, quiebren no conseguirá reanimar la economía, sino que la postrará en la depresión. Antes de inyectar dinero público en alguna empresa, debe estudiarse si atraviesa un problema puntual de liquidez o si su insolvencia es tan mayúscula que será incapaz de sobrevivir sin sucesivos apoyos del Estado.
Y la cuarta, más de cariz político, es que una crisis económica no es ninguna garantía para que la oposición gane las elecciones. Más bien al contrario, genera las condiciones propicias para crear todo tipo de redes clientelares y comprar votos. Japón lleva dos décadas en crisis y sólo ahora el PLD ha sido desalojado.
Zapatero y Rajoy, cada uno por su lado, deberían echar una mirada al escenario nipón.
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